Hace unos meses me llegó un correo que me había reenviado una amiga que anunciaba clases de "Sensual Dance" en Pro Stars Dance & Arts Academy en El Dorado. En muchos países, estas clases han sido un éxito. No sólo funcionan para relajarse y hacer ejercicios, sino también para conectarse con su lado femenino y sensual. En la edición del 30 de enero del periódico Mi Diario, el artículo “A bailar, pero con sensualidad” profundiza en las clases.
Decidí ir con un grupo de amigas a la clase demostrativa gratuita que estaban ofreciendo. Al llegar, había un señor en la entrada quien nos abrió la puerta. También estaban ofreciendo vasitos de sangría. Se presentaron los instructores de la clase. El calentamiento sería dado por un instructor de baile y las clases de baile por una exbailarina de nightclub. Esta persona ya había dejado el baile hace más de 10 años y estaba felizmente casada.
Ya que este tipo de clases de baile es algo nuevo en Panamá y aún tiene sus tabúes para algunos, nos dijeron que no nos preocupáramos. El señor que nos abrió la puerto era un “seguridad” quien no dejaría entrar a hombres al local. También serviría de protección cuando saliéramos de la clase, ya que a esa hora (8:30pm) casi todos los locales del centro comercial estaban cerrados.
El salón de baile está en un segundo piso y da hacia uno de los pasillos del centro comercial. Nos dijeron que no nos inquietáramos ya que no se podía ver nada desde abajo. Para entusiasmarnos, una de las dueñas nos dijo que nos regalarían un body (una pieza de ropa que se usa para bailar o hacer ejercicios que es ajustada al cuerpo).
Al llegar el momento de inquietudes, algunas estaban curiosas si estaríamos aprendiendo a bailar con el tubo. El cual nos dijeron que no por varias razones. Los tubos que habían averiguado al momento eran a presión. Además, al requerir de ciertas condiciones físicas para poder hacer el baile, era un riesgo que debía asumir la academia de baile.
La clase demostrativa duró alrededor de 30 minutos, en los que sudé y me divertí bastante, por lo que varias decidimos inscribirnos al curso. Además del pago para reservar el cupo y nuestros nombres, nos pidieron nuestro correo electrónico, número de teléfono, estado civil (para dividir la clase en solteras y casadas), talla de ropa (para el body que nos regalarían), y en qué horario preferiríamos asistir. Nos dijeron que nos llamarían para confirmar la fecha de inicio de las clases, las cuales estaban programadas para la primera semana de marzo.
Llegó el 2 de marzo, eran como las 3 de la tarde, y nadie me había llamado ni a mí ni al resto de mis amigas, por lo que llamé para confirmar si habrían clases o no. Me contestó la recepcionista. Le pregunté si las clases iban a empezar ese día ya que habían quedado en llamarnos para confirmarlas y no había recibido ninguna llamada. Sólo me contestó que las clases estaban programadas para empezar ese día. Le volví a repetir que yo sabía que estaban programadas pero no estaba segura si iban a empezar ese día ya que no habían llamado como habían dicho. Volvió a repetirme lo mismo en un tono seco. Al rato, el resto de mis amigas empezaron a recibir la llamada de confirmación.
Empecé mi primer día de clases. Esta vez no hubo señor en la entrada. Tampoco lo vi el resto de las clases. Igualmente seguía yendo a las clases. El seguridad no era un factor importante en mi decisión para tomar las clases o no, era un plus, pero no algo determinante. También noté que en mi clase habían solteras y casadas, por lo comprendí que no habían dividido las clases según estado civil.
Para una de las clases, llegué unos minutos tardes. Al ir caminando al local, podía ver desde abajo, que la clase ya había empezado. ¡Sí se podía ver las siluetas desde abajo! Esto tampoco me detuvo de seguir asistiendo a las clases ya que tampoco era que la gente paraba a mirarnos bailar.
Pasaron las semanas. Me gustaba como la instructora daba la clase. ¡Y hasta recibí comentarios que me veía más flaca! Hasta que un día dejó de ir la instructora. Nadie nos dijo el porqué, pero como es Panamá y los chismes corren rápido, me contaron que tuvo problemas con la administración por una grabación que hicieron en un programa local sobre las clases en el que lo mostraban como algo vulgar. No sé qué tan cierto sea esto, pero nadie de la academia de baile lo ha negado ni ha dicho nada al respecto de por qué la instructora ya no está dando la clase.
Aún no he visto la grabación, pero ya me empezó a dar una mala sensación de la administración. Ahora empezaba a pensar que me habían engañado con el seguridad, con la división de clase por estado civil y el que no se podía ver la clase desde abajo. Además, ya íbamos por más de la mitad de la clase y aún no había visto ningún body y la instructora que había pagado para que me diera la clase ya no estaba. Me vendieron una cosa y a la final fue otra.
Después nos avisan que van a instalar 2 tubos y que las 2 últimas semanas van a ser dedicadas a aprender a bailar con él. Que no nos preocupemos ya que van a poner colchones para evitar algún accidente. Estas semanas caían justo después de Semana Santa.
El lunes que me toca mi clase me llaman a avisarme que no habría clase ya que no habían instalado los tubos por inconvenientes por los días feriados, que para el día siguiente deberían estar puestos. El miércoles era la siguiente clase y recibo otra llamada diciendo que las clases serán pospuestas hasta la próxima semana por la misma razón: aún no habían instalado los tubos.
En mi cabeza, pensaba ¿qué tan difícil es instalar unos tubos? Tampoco es que he instalado uno por lo que esperé a la siguiente clase. Al llegar, sólo había un tubo instalado bien atornillados al piso y al techo, pero sin señas de que faltaba instalar otro. Otra cosa, no vi nada acolchado a su alrededor.
Hicimos el calentamiento y luego entró nuestra nueva instructora (la cual le acababan de presentar a una de las dueñas del local por cierto). Se nos presentó bajo su nombre artístico, y nos dijo que actualmente llevaba más de 10 años de carrera como bailarina en nightclubs en distintos países de la región.
Luego nos hizo una demostración del baile en el tubo, cosa que sé que sería difícil para mí ya que no poseo las mejores condiciones físicas del mundo. Nos dijo que ese día sólo daríamos lo básico, pero que en las siguientes clases nos preparáramos para algunos golpes y moretones.
Alguien preguntó por los colchones. Una de las dueñas luego entró con unas colchonetas (esas que se usan como para hacer yoga) diciendo que se le quedaron los colchones en la casa, pero que igualmente ese día sólo haríamos lo básico.
Al llegar a mi casa, empecé a ver el comienzo de algunos moretones. Al día siguiente, amanecí con unas gigantes manchas moradas oscuras en mi muslo y debajo de mi brazo. Esto no era lo que yo estaba buscando cuando me inscribí a las clases. ¿Dónde estaba la instructora que me habían presentado el primer día?
Para la siguiente clase, llamé para avisar que ya no estaría yendo más. No fue sólo por los moretones, sino las diferentes cosas que he ido mencionando a través de este artículo. No fui la única. Las clases empezaron siendo 2 grupos de 10 personas casa uno. Las últimas veces que asistí a la clase, sólo éramos unas 4 alumnas (antes de que yo me saliera del curso). Y en el otro grupo, me dijeron que sólo quedan 2.
Quizás si la administración nos hubiera comentado de los cambios o por qué no nos estaban ofreciendo todo lo que habían dicho en la clase demostrativa o hubieran pedido nuestra opinión o si hubieran tenido un poco más de organización, las cosas hubieran sido distintas.
No vi mucho interés de la administración en ver por qué había personas desertando las clases. Cuando fui a cancelar lo que debía de las clases, me atendió una de las dueñas. Jamás me preguntó por qué ya no iba a asistir. Pagué, me dio mi recibo y me despedí. ¿Se estarán dando cuenta de que además de perder clientes (ingresos), están perdiendo algo valioso como una buena publicidad boca a boca?

























